A la comida le ponemos salsa, ¿por qué no a la vida?

salud emocional

A la comida en ocasiones le ponemos salsa, para mejorarla o para cambiarle el sabor rutinario que puede tener el filete o el macarrón de turno.

Hablando con mi amigo médico, le pregunté por el funcionamiento de los desfibriladores que últimamente se están instalando en algunos lugares para, si tenemos un accidente cardiovascular, volvernos a la “vida”.

Encontré una conexión entre ambos temas: salsa para que la comida vuelva a ser sabrosa, descarga eléctrica para que la persona vuelva. A la vida.

Y a partir de ahí y como me gusta y me divierte tanto desarrollar teorías que me ayuden a ser un poco más feliz (eso también es salud), estoy estos días construyendo mi teoría sobre la descarga eléctrica.

Confieso que estoy en una buena época, mi ego y autoestima están en niveles adecuados, gracias al teatro y a que alguien me ha dicho últimamente que soy un tipo interesante.

Con el aplauso del público, durante mi última representación, frente a más de quinientas personas, me sucedió lo siguiente: noté una descarga eléctrica en el pecho.

Luego también la noté el día en que alguien me dijo que soy un tipo interesante. También noté una descarga eléctrica. Y en ambos casos fue muy satisfactoria.

Naturalmente que no fueron físicas, como en esos juegos que están tan de moda, los de guerra, en los que te sueltan descargas eléctricas de verdad cuando te pillan o te dan virtualmente un tiro.

Pues eso, que no eran físicas pero sí muy, muy placenteras porque eran emocionales. Alguien me estaba diciendo que le interesaba, que le gustaba, que le apetecía verme en un escenario o mantener una conversación conmigo. Al final comprendí que todos necesitamos que nos quieran. Y cuando nos lo dicen o nos lo hacen notar, eso produce descargas eléctricas.

En efecto, la descarga eléctrica del que se enamora por primera vez, la descarga eléctrica del primer beso, o del primer hijo, o del primer éxito o del primer lo que sea. ¿Pero qué sucede cuando ya te has enamorado, has dado muchos besos, has tenido varios hijos, y algún que otro éxito?

Pues ahí es donde empieza a funcionar mi teoría, debemos ser capaces de autogenerar nuevas descargas eléctricas, quizás en el límite, sin traspasar la línea, la de cada uno claro, pero lo suficientemente intensas como para seguir siendo un poco más felices o añadir momentos de felicidad intensa, efímeros pero intensos, y por lo tanto seguir haciendo felices a los que nos rodean.

Esa descarga eléctrica que os propongo, nos devuelve a la vida, nos agita, nos remueve y nos lleva al límite. La descarga de adrenalina que produce genera una  liberación de dicha hormona que te lleva a  un estado (momentáneo) de euforia, de máxima energía y de capacidad de acción. Después, la persona siente una agradable sensación de relax gracias a la liberación de endorfinas.

La vida sedentaria de las ciudades y el estrés cotidiano hacen que la liberación de adrenalina (muy continua) sea de baja intensidad y se necesiten estímulos cada vez más fuertes para sentirse “vivo”.

Si conseguimos encontrar de forma individual los motivos, los momentos, las situaciones, las personas, las actividades o los objetivos que nos produzcan descargas eléctricas seremos un poco más felices y los que nos rodean, también.

Podríamos desarrollar un concurso de salsas, ¿qué os parece?

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