Incompletos sin las redes

jovenes y redes sociales

“Llegas tarde. Has salido corriendo para llegar unos minutos antes al tren y coger por fin el que toca. Llegas, saltas al tren a punto de cerrar sus puertas y al fin estás dentro. Llegarás a la facultad en unos 45 minutos, cosa que te permite ponerte al día en todas las redes sociales antes de llegar al bar y comentar con los colegas lo que habéis visto.

Un repaso rápido a Instagram, parando en los perfiles clave, alguna bloguera de moda, el chico que te gusta y tus mejores amigas.

Un repaso exhaustivo a tu muro en Facebook. Desde ayer a las 00.25 cuando pusiste el despertador en el móvil y lo dejaste en la mesilla de noche antes de irte a dormir, han pasado muchísimas cosas. Post de actualización: “Hoy, si respiramos en el tren ya no cabremos”, acompañado por una selfie de tu cara simulando estar triste con unas cien personas en el vagón detrás de ti, como sardinas de pie pasando las paradas una a una. Algunos “Me gusta”, y algún que otro comentario a los estados de tu colegas.

Y pasas a Twitter, dónde te informas de algunas cosas, algunas noticias de primera hora y algunas otras muchas cosas sobre tus grupos favoritos de música o tus actores favoritos. Haces retweet en algunas de las frases de Risto Mejide, Buenafuente y Jordi Évole.

Y ahora Youtube, buscas la canción de moda del momento, de esas que pondrías en bucle sin parar. Le das a play, la escuchas y cuando termina, la pones una vez más, y otra, y otra y… mierda, no hay cobertura… vas a tener que escuchar la música que llevas grabada en tu iTunes, pero está anticuada, esta tarde cuando llegues, te prometes ponerte a descargar algo más nuevo. Pero de momento te toca quedarte con las míticas…”

Esta sería una mañana típica de jóvenes y no tan jóvenes con un smartphone en sus manos. Y es que según conclusiones de un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, un centro privado creado por la Fundación Ayuda a la Drogodependencia (FAD) llamado ‘Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual, las redes sociales se han convertido en algo indispensable en la sociedad, sobre todo en jóvenes de entre 16 y 26 años.

En el estudio ellos mismos admiten “sentirse aislados, incomunicados e incompletos y que no sabrían cómo rellenar rutinas, integrarse o socializarse” cuando no pueden acceder a ellas.

Para ellos, y para muchos otros, las redes sociales se han convertido en algo más de nuestras rutinas, asumimos sin ni siquiera pestañear que perderemos parte de nuestra intimidad, pero nos da igual porque, al mismo tiempo, ganamos en comunicación, relaciones interpersonales e inmediatez.

Sabemos que dependemos, y aun así lo aceptamos como normal. Saludable o no, esta era de las telecomunicaciones nos engancha a una nueva realidad donde hablar ya no se hace cara a cara, ni tampoco por teléfono. Se hace por internet.

Nos relacionamos más, pero somos más individuales. Vamos más rápido, pero pensamos menos.  Lo queremos todo al alcance de un clic.

¿Es eso algo malo?

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