Los amantes de los gatos merecen morir

Cat lovers deserve to die

Los amantes de los gatos merecen morir”, “Los modernos merecen morir”, “Los que llevan tatuajes merecen morir”, y mensajes similares aparecieron en carteles colgados en cabinas de teléfonos y paradas de autobús de Estados Unidos a principios de mes, causando sorpresa y en algunos casos indignación. Incluso hubo quien se dedicó a arrancarlos. Mensajes chocantes y absurdos que provocaban una respuesta evidente: ¡venga ya, nadie merece morir!

Una simple búsqueda en Google lleva al sito noonedeservestodie.org, donde se explica que la campaña trata sobre una enfermedad que cada año mata a 160.000 personas en EE. UU.: el cáncer de pulmón.

La Lung Cancer Alliance quiere dar visibilidad a esta enfermedad que cada año mata a más personas que el cáncer de mama, colon y próstata juntos, pero que pese a ser el cáncer más mortal, es uno de los más ignorados y que menos inversión recibe, en gran parte debido a su asociación con el tabaquismo. Aún hoy en día muchos creen que las personas que padecen cáncer de pulmón lo merecen por ser fumadores, aunque en realidad sólo 1 de cada 5 personas con cáncer de pulmón es fumadora en el momento del diagnóstico, y como dice la campaña, tanto si se es fumador como si no, nadie merece morir.

La meritocracia, esa especie de ley natural por la que el que triunfa es porque lo merece y el que no también (winners & loosers), invade todas las percepciones de nuestra sociedad cada vez más competitiva. The american way of life: mereces ser rico, mereces la fama, mereces el poder. Pero la realidad es mucho más compleja. Hay más factores que condicionan el estado de las cosas.

“Merecer” es una palabra afilada que se puede usar para atacar moralmente a quien “lo merece”. Eso ocurrió con el sida en los 80 y 90. “Algo han hecho para estar así…”, “castigo de Dios…”: la culpa, el estigma, pagar por tus pecados. Pero el cáncer no sabe de moral y las estadísticas son esclarecedoras

Provocación creativa, contra la invisibilidad

Como en toda buena campaña (una acción movilizadora capaz de cambiar la percepción o el estado de las cosas), el primer impacto marca la diferencia entre ser o no ser.

En este caso es claro, una serie de titulares demoledores sobre unos retratos fotográficos impecablemente iluminados, dan cuenta del tópico, y construyen un retrato psicológico extremo. El titular conmueve. Provoca. Quieres saber más, saber “por qué”.

La respuesta vira sorprendentemente en una resolución inesperada y contundente, con la que poca gente puede estar de acuerdo: “Los amantes de los gatos merecen morir… si tienen cáncer de pulmón”. ¡Y aquí es donde espabilamos de golpe!

Está claro, que NADIE merece nada y menos morir. Es algo que sucede y estaría bien que desde la solidaridad y la comprensión del dolor ajeno, pudiéramos ayudar a evitar. Y seguro que algo podemos hacer.

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