Lo que me enseñó Contagio


¿Tienes la Coca-Cola, las palomitas y la entrada en el bolsillo? Ya lo tienes todo para recibir una clase magistral en el cine. Porque sí, cuando vamos a pasar un rato viendo una película no solo vamos a reír, a llorar o a pasar miedo. Vamos a dejarnos seducir por una historia que nos acerca a otras realidades y a salir siendo otros. No hace falta ver documentales para aprender. Un largometraje (incluso una serie) basta para conocer e interiorizar la vida de la mujer en Irán, los superpoderes de los habitantes de Krypton o lo bien que puedes pasártelo en una despedida de soltero en Las Vegas.

Contar una historia atractiva es la mejor manera de entretener y, a la vez, educar. Bien lo saben los anunciantes cuando confían en las bondades del séptimo arte para vender desde una ciudad hasta unos zapatos. Pero olvidémonos de campañas y centrémonos en virus letales y pandemias de la mano de Contagio, el thriller estrenado hace unas semanas en nuestro país.

Dejando de lado la calidad cinematográfica de la película (al que firma el post le pareció, en poca palabras, entretenida y lúcida, pero no brillante), e intentando no escribir ningún spoiler, es interesante reflexionar sobre los mensajes clave que ha ayudado a transmitir este éxito en taquilla. Si los reducimos a tres:

  1. ¡Que suerte que existan los CDC! O, lo que es lo mismo, los Centers for Disease Control and Prevention. Tomando la definición de Wikipedia, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades son “una agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos cuya responsabilidad (…) radica en el desarrollo y la aplicación de la prevención y control de enfermedades, salud ambiental y la realización de actividades de educación y promoción de la salud”. Fiel a la tradición yanqui, el organismo estadounidense actúa como héroe y tiene una labor muy destacada en la investigación de la pandemia y de la vacuna. Casi parece un lavado de imagen a raíz de las críticas por su actuación alarmista en el brote de gripe A. Pero desde el CDC juran y perjuran que no han intervenido en la creación de la película y se muestran bastante satisfechos con los resultados: lo que refleja la ficción es “plausible” y, por supuesto, viene a confirmar su importancia ante la opinión pública.
  2. Las redes sociales son la piedra en el zapato. Jude Law interpreta a un periodista que a través de su blog contradice la versión oficial de los hechos. Por supuesto, mucha gente cree su discurso y las autoridades no saben muy bien qué hacer con él. En otra ocasión se refleja el papel de Facebook y Twitter como transmisor de noticias y rumores. Nada nuevo bajo el sol, tenemos ejemplos diarios del poder de los social media con la primavera árabe o las reivindicaciones del 15M. Pero, ¿por qué esa insistencia en demonizar estas herramientas por parte de tantos medios? Usadas sabiamente son una excelente forma de distribuir información útil y fiable a tiempo real. En su día vimos ejemplos afines a la temática de la película en el post “Seguimiento de la peste porcina online” de Publicidad y Salud.
  3. El ser humano es previsible. El eslogan de la película reza “nada se expande como el miedo”. Y ya sabemos que ante situaciones de pánico e incertidumbre las personas reaccionan siempre de la misma forma: nervios, irracionalidad, escalada de violencia… ¿La solución? Casi siempre la misma, ya sea ante una epidemia o ante una avería del metro: informar, informar e informar. Información veraz. Alarmismo cero. Directrices concretas. Organización eficiente. ¿Por qué tan pocas veces se practica?

Si has visto “Contagio” puede que coincidas conmigo o que te haya suscitado otras reflexiones. ¿Te animas a compartirlas en los comentarios? Si no la has visto y optas por ir al cine, cuidado no vayas constipado. Empezar a estornudar mientras ves esta película es la forma más fácil de asustar a espectadores hipocondríacos… ¡Salud!

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Un comentario a “Lo que me enseñó Contagio”

  1. Me gusta mucho el planteamiento “choque de trenes” de los dos mundos que planteas. Ante la previsibilidad de la reacción de las personas, dos culturas, la vieja y la nueva, luchando por el control de la situación: el control de la información.
    ¿Podrían fusionarse en un CDC 2.0?
    Quizás se trata de un oxímoron…

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