Los jarabes con sabor a piruleta producen kansei

iPad

Un iPad es un ejemplo de producto que produce kansei. Foto tomada de apple.com

Y unas verduras en forma de gominola, también. Incluso una silla bonita, además de cómoda. Porque kansei lo producen todas aquellas cosas que despiertan placer cuando las usamos. Pero, ¿de dónde ha salido esta palabra?

Kansei es un término japonés sin una traducción exacta en nuestro idioma. Sus dos sílabas significan “sensitividad” (kan) y “sensibilidad” (sei). Se podría definir como la impresión que una persona tiene de un determinado artefacto, entorno o situación utilizando sus sentidos de visión, oído, tacto, olfato… y también la cognición.

Cuando hablamos del kansei de un producto, estamos haciendo referencia a la capacidad que tiene de motivar una respuesta de los sentidos del usuario más allá de su aspecto físico o visual y que le confiere un atractivo sensorial.

La metodología kansei comenzó a emplearse en los años 70 para incorporar el aspecto emocional al proceso de desarrollo de la ingeniería automovilística (las connotaciones de la robustez de una puerta, el sonido del motor al encenderse…), pero actualmente también se aplica a todo tipo de artículos de uso cotidiano, así como interfaces de usuario en aplicaciones digitales o en publicidad interactiva.

Mazda MX-5

Uno de los ejemplos más claros de la ingeniería kansei aplicada es el caso del Mazda MX5, el roadster más vendido del mundo. Foto de mazda.es.

La industria alimentaria tampoco es ajena a este concepto, y es que hoy en día no basta con ofrecer un producto de alimentación de calidad y con unas buenas características nutricionales. El consumidor valora las experiencias emocionales placenteras que cumplan (o excedan) sus expectativas, ya sea en el sabor o la palatabilidad del alimento en sí, en el diseño del packaging o incluso en sus textos, para predisponer a una experiencia de uso sabrosa, excitante o saludable. Es cierto que muchas compañías lo tienen en cuenta, pero quizás pocas saben que están hablando de kansei (Nestlé es una de ellas) y que es perfectamente evaluable.

En el fondo se trata de hacerlo todo sencillo, fácil, agradable y eficaz. Desde el automóvil, hasta los cubiertos, pasando por los jarabes o los hospitales, y siempre teniendo en cuenta la subjetividad de los usuarios. Esta no depende únicamente de los sentidos, sino también del entorno, el conocimiento y las creencias. Por eso, los consumidores confían en los jabones que producen mucha espuma (aunque no sea necesaria) o los colutorios “que pican” (no será una sensación placentera, pero da una mayor sensación de desinfección).

Ahora podríamos preguntarnos: ¿a qué esperan tantas y tantas empresas para incorporar los criterios kansei en los procesos de diseño, creación y comunicación de sus productos? No solo proporcionarían una experiencia más placentera a su público… seguro que también sería agradable para sus balances anuales.

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