Los alimentos no son medicamentos, pero casi

alimentos saludables

En los países más desarrollados hemos dejado de ver los alimentos exclusivamente como fuente de energía para verlos también como fuente de salud. Este importante cambio en nuestra mentalidad y nuestras expectativas es un objetivo claro de los desarrollos de I+D en la industria de la alimentación, así como de los mensajes que transmiten al público general y a los profesionales de la salud.

Estamos empezando a ver los alimentos como uno de los principales factores que pueden influir en nuestra salud. Pensamos que hay alimentos que pueden perjudicarnos y otros que pueden mantener nuestro buen estado de salud y prevenir la aparición de enfermedades. Y cada vez es más importante este aspecto en nuestra motivación de consumo. La industria alimentaria ha detectado este cambio motivacional y está actuando en consecuencia: por un lado, mejorando las propiedades nutricionales de sus productos y por otro, sacando al mercado productos con nutrientes específicos añadidos que aporten un “extra de salud” a la población.

Todo ello es beneficioso si se hace con corrección y honestidad. La industria alimentaria debe estar bien asesorada sobre las propiedades de los diferentes nutrientes, sus interacciones dentro de un mismo alimento, las necesidades reales de la población en relación con las recomendaciones nutricionales de cada país, y la seguridad de añadir ciertas cantidades de un nutriente en el alimento que se consume a largo plazo.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) es la encargada de velar por las alegaciones de salud (health claims) de los alimentos y solo permitirá comunicar a la población aquellos beneficios para la salud que estén claramente demostrados. Las compañías que quieran transmitir mensajes de salud no solo deberán adaptar sus productos, sino también su mentalidad para salir favorecidas de este cambio. La investigación clínica con alimentos será necesaria, igual que lo es con los medicamentos que quieren demostrar sus efectos sobre una enfermedad.

La industria alimentaria también tendrá que cambiar la forma de comunicar los beneficios para la salud de sus productos a la población. En este aspecto, del mismo modo que ya se exige a la industria farmacéutica, va a ser imprescindible el rigor en los mensajes y la sustentación científica de los efectos positivos sobre la salud que se pueden obtener con el consumo de estos alimentos.

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