¿Mensajes de salud? ¡Recuerda la regla de las 4 R!

La comunicación de los beneficios sobre la salud de un producto exige rigor y responsabilidad. Ilustrando, un viejo anuncio donde se ensalza la “digestibilidad” de un alimento.

Las comunicaciones de temas referentes a la salud que las empresas dirigen a los consumidores para dar a conocer las bondades de sus productos conllevan una alta responsabilidad, ya que cubren la necesidad de los individuos de preservar o mejorar su bienestar físico y evitar enfermedades.

Por otra parte, la presión que recibe el consumidor sobre su responsabilidad de mantenerse sano mediante hábitos saludables hace que esté buscando continuamente información y muchas veces acepte como válida la que encuentra, pese a no estar claramente contrastada.

Para cualquier marca es importante pensar en su prestigio a largo plazo, más que en un beneficio inmediato. Es más, si los beneficios comunicados no se corresponden con la realidad (por sobredimensionarse los efectos del producto) puede incluso perjudicar su reputación.

Por este motivo, los que comunicamos en salud debemos tener presente la regla de las cuatro R:

Referencia: el mensaje debe estar basado en investigación publicada.

Rigurosidad: el mensaje debe ajustarse a la evidencia científica.

Relevancia: el mensaje debe ser de interés para el receptor.

Robustez: el mensaje debe estar suficientemente avalado.

Si nos aseguramos estos cuatro criterios, podemos lanzarnos a vestir los mensajes con un traje emocional para que alcancen con mayor eficacia el target al que van dirigidos.

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