La experiencia de usuario y la tecnología

A finales de julio leíamos en varios medios que la Stanford School of Medicine (California, Estados Unidos) incluía en el precio de la matricula el regalo de un iPad. El objetivo de tan preciado obsequio era crear nuevas oportunidades formativas dentro de la escuela, a partir de la eficacia, el carácter móvil y, obviamente, la aureola innovadora que rodean al dispositivo.

Un estudiante de Stanford toma notas con su iPad. La imagen pertenece a la galería de esta universidad norteamericana en Flickr y tiene algunos derechos reservados.

Más allá de lo anecdótico de esta práctica (cada vez más extendida entre cursos y formaciones en todo el mundo), lo más destacable fue la iniciativa de aprendizaje a través de este dispositivo, basándose en la experiencia de usuario que permite el famoso tablet de Apple.

Aún recuerdo cuando, a finales de 2003, un alumno me regaló un libro de Alberto Knapp llamado precisamente Experiencia de usuario. Se trata de una obra reflexiva y avanzada a su tiempo; fue allí donde leí por primera vez expresiones como “bidireccionalidad” de la red o el por entonces incipiente “fenómeno blogger” que justamente eclosionaba el año anterior en Estados Unidos. Este libro definía la experiencia de usuario como un camino que todos teníamos que recorrer y donde cada paso servía para definir el siguiente. En definitiva, Knapp consideraba ésta una disciplina abierta. Y no se equivocaba.

Hoy en día sigue siendo un aspecto crucial de los proyectos interactivos en el que intervienen multitud de factores: personales, sociales, culturales, contextuales e incluso determinados por la naturaleza del proyecto en cuestión.  Y es que la conclusión a la que vamos llegando en estos tiempos de cambio, es que las formas de uso y comprensión de las tecnologías determinan su desarrollo, su éxito o fracaso futuros.

Gracias a ella, Stanford School of Medicine ha consolidado este proyecto, recogiendo periódicamente datos del uso que los alumnos daban al dispositivo y generando aplicaciones que mejoraban o daban respuesta a estos inputs. Así, ahora sabemos que el 70% de los estudiantes lo utiliza para tomar notas y que les ayuda enormemente en ese problema tan contemporáneo que es poder administrar la abrumadora cantidad de información en la que estamos sumergidos.

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