Cara a cara, de vuelta a 1.800

Gracias a un tweet de @bobcoffield he llegado a un post de lo más interesante en el que tratan el peliagudo tema de la evolución de la comunicación y la información; desde 1.800 hasta el momento actual, incluyendo una visionaria (o no) predicción de lo que sucederá allá por el 2.020

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Gráficamente no puede ser más claro ni estar mejor explicado, y la verdad es que personalmente mi visión de futuro (o no) coincide bastante con lo que muestra.

Lo cierto es que cada vez surgen más noticias acerca de las dificultades que atraviesan los principales medios de prensa escrita, y la frontera entre tv e internet cada vez empieza a ser más difusa. Ya no recordamos si el último spot de esa marca a la que adoramos lo vimos en la tele o en youtube, vimeo o dailymotion… y no hablemos de la última temporada de nuestra serie de moda que llega a nuestras «pantallas» antes de que llegue a nuestros canales convencionales de televisión.

Pero lo que más me ha llamado la atención de este gráfico es que, en realidad hemos vuelto al cara a cara de 1.800. La conversación y el cara a cara está presente en nuestras vidas a través de blogs, redes sociales, gran parte de la prensa online e incluso muchísimas webs que se están comenzando a abrir al usuario para, precisamente, alojar esa conversación que además traspasa la frontera de lo virtual para influir en nuestra vida real.


El otro día, en una conversación con la veterinaria a la que solemos acudir para que trate a nuestros perros; hablábamos de los piensos que estaban a la venta en su clínica. Me llamó la atención una marca en especial de la cual nunca había visto ni oido hablar. Ella me comentó que se trataba de una marca nueva que no estaba gastando mucho dinero en publicidad pero que poco a poco estaba copando cuota de mercado en estos tiempos de crisis ya que además su precio era sensiblemente inferior al de otras marcas (alrededor de 15 € menos el saco de 15 kgs).  Nuestra veterinaria nos contaba que inicialmente había costado vender ese producto ya que, el cliente, asociaba la considerable diferencia de precio con una baja calidad del producto por mucho que ella recalcara que se trataba de un pienso de buena calidad.

La solución le vino de la mano de otra cliente que tras rechazar el pienso inicialmente; acudió al día siguiente a comprarse un saco de los grandes. Esta clienta, literalmente, le dijo que su cambio de actitud estaba motivado por lo que había encontrado en internet. No había visitado la web de la marca como la veterinaria le había sugerido, sino foros de opinión en los que se hablaba sobre ese pienso porque, como ella decía, es allí donde «se conoce la verdad de las cosas«.

Desde entonces la veterinaria ya no redirige a sus clientes a la web de la marca, sino a aquellos foros de opinión en los que esa cliente se informó sobre el producto…. y vende bolsas de pienso como churros.

En la comunicación, y especialmente en internet, volvemos al cara a cara y a la conversación… y de la mano al efecto de la propia recomendación.

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